El caso Vallecas, la casa donde la policía fue testigo de lo inexplicable
Madrid, principios de los años 90. En un piso aparentemente normal del barrio de Vallecas comenzó una historia que acabaría convirtiéndose en uno de los casos paranormales más conocidos de España.
Todo empezó con una joven llamada Estefanía Gutiérrez Lázaro.
Según se ha contado durante años, Estefanía participó junto a unas compañeras en una sesión de ouija en su instituto. Una profesora las descubrió, rompió el tablero y, a partir de aquel momento, la joven comenzó a sufrir episodios extraños: pesadillas, alucinaciones y la sensación de percibir presencias que nadie más podía ver.
Meses después, Estefanía murió de forma repentina. Tenía solo 17 años.
Pero para su familia aquello no fue el final.
En la vivienda comenzaron a producirse fenómenos cada vez más inquietantes. Ruidos y golpes sin explicación, puertas que se abrían, objetos que aparentemente se desplazaban solos y sombras que recorrían las habitaciones.
Una fotografía de Estefanía habría llegado incluso a arder parcialmente dentro de su marco sin que el resto resultara afectado.
La situación alcanzó tal intensidad que, en noviembre de 1992, la familia llamó a la Policía Nacional.
Y ahí es donde el caso Vallecas se vuelve especialmente perturbador.
Los agentes que acudieron al domicilio dejaron constancia por escrito de algunos sucesos extraños que presenciaron durante su intervención. En el informe policial se describieron ruidos, movimientos inexplicables y la apertura repentina de una puerta de un mueble.
Aquella noche convirtió una historia familiar en un caso que todavía hoy sigue siendo objeto de debate.
¿Qué ocurrió realmente en aquel piso?
La familia terminó abandonando la vivienda, pero la historia de Estefanía permaneció ligada para siempre al llamado “expediente Vallecas”.
Décadas después, su caso sigue planteando la misma pregunta:
¿Puede una sesión de ouija abrir una puerta que después resulte imposible cerrar?



